Costa Rica: De Blockbuster a Netflix… y después a Uber

Last Updated: 19 April 2018
Article by José Schroeder

En el año 2001 la cadena de tiendas de alquiler de películas Blockbuster abrió un enorme local en Escazú. Después de la emoción inicial por la novedad, la tienda cerró solo dieciocho meses después. Desafortunadamente para Blockbuster debía competir en Costa Rica con dos factores que no debía enfrentar en Estados Unidos: La gran mayoría de su competencia local no alquilaba películas originales como sí lo hacía Blockbuster lo que hacía que su producto fuera más caro y, además, los competidores ticos no debían esperar a que los distribuidores lanzaran las películas para alquiler varios meses o hasta años después de que las películas eran exhibidas en los cines. En Costa Rica estábamos acostumbrados a recibir copias de películas recién lanzadas en los cines y que eran resultado de la piratería.

En un artículo de La Nación del 2003 el gerente en Costa Rica de Blockbuster manifestó: "La piratería imperante en el mercado fue algo difícil de superar." En Costa Rica existían desde entonces leyes que en teoría debían proteger a una empresa como Blockbuster, la cual cumplía con el "copyright" de las compañías dueñas de las películas. Sin embargo, en nuestro país desde los años ochenta se habían abierto cientos de "video-clubs" de pequeños empresarios que, para el año 2003, se encontraban por doquier. Seamos honestos, casi todas esas pequeñas empresas estaban lucrando en violación de la ley y en detrimento de los derechos de compañías como Paramount, 20th Century Fox, Disney, etc. El pensamiento generalizado era que alquilar películas originales era demasiado caro y, además, a nadie se le estaba haciendo un daño real, ya que se trataba de compañías transnacionales que no se afectarían por las actividades recreativas de los costarricenses. Esa racionalización mediante la cual uno se da permiso de realizar una actividad ilegal por conveniencia no es inusual en Costa Rica.

El otro factor que permitió esa piratería fue la tecnología. Las tiendas locales podían acceder de forma barata a aparatos que hacían copias de las películas de manera rápida y a muy bajo costo.

Netflix es una compañía estadounidense que empezó como una competencia directa de Blockbuster y las otras cadenas de alquiler de películas en ese país. Netflix enviaba por correo los discos de las películas que el consumidor deseaba y éste las podía devolver también por correo en sobres que venían incluidos en cada envío. El modelo de negocio de Netflix innovaba al cobrar un monto mensual para alquilar todas las películas que usted quisiera ver y le evitaba tener que manejar a devolver las películas a la tienda; además, no había multas por devolución tardía de los discos. El modelo de Netflix fue devastador para Blockbuster. En Costa Rica, durante esta época, la forma de operar de Netflix no podía afectar a las tiendas locales ya que nuestro sistema menos avanzado de correos y la forma muy nuestra de dar direcciones impedían que pudiera operarse de esa manera de forma eficiente (¡además estábamos viendo películas pirateadas!).

Hace unos años, con el avance de la tecnología de "streaming", Netflix cambió su modelo de negocio y pasó de enviar películas por correo a simplemente tenerlas disponibles para que sus clientes las pudieran "bajar" por internet a sus televisores, computadoras, tabletas e, incluso, sus teléfonos móviles. Ahora no había impedimento de infraestructura para poder entrar al mercado costarricense y en el 2011, con una oferta limitada de películas y series, Netflix empezó a operar en nuestro país. Desde entonces, tanto Netflix como otros servicios similares como HBO Go y Amazon Prime, han irrumpido en el mercado de entretenimiento nacional, especialmente en los sectores de mayor poder adquisitivo. Esta incursión en el mercado ha resultado en el cierre de muchísimas de esas tiendas de alquiler de películas y la destrucción de igual cantidad de pequeñas y medianas empresas costarricenses. Netflix también ha afectado a las compañías de televisión por cable y puede hacerles mucho más daño a futuro ya que hay una nueva generación que no entenderá el concepto de tener que esperar a que sea el martes a las ocho de la noche para poder ver su serie favorita y tampoco entenderá que no puede ver inmediatamente el episodio siguiente de dicha serie.

Netflix ha vengado a Blockbuster en Costa Rica, lo que no debe ser gran consuelo ya que también lo mató en Estados Unidos.

Los costarricenses han hablado con su billetera y han escogido un servicio eficiente, más barato y basado en una tecnología emergente, y que además respeta los derechos de "copyright" de los dueños de las películas y series que consumen (aunque dudo que esta última consideración haya sido determinante). Es un caso de libro de texto de la destrucción de un modelo de negocio por una nueva tecnología y una compañía más eficiente e innovadora. ¡Qué bien por el consumidor!

Pero siempre hay un costo y en este caso el beneficio para el consumidor crea una fuga de divisas y la destrucción de decenas de pequeñas empresas. El modelo de Netflix se basa en un cobro mensual a la tarjeta de crédito del cliente que va directo a la compañía estadounidense o a alguna subsidiaria en un paraíso fiscal. Del dinero que le pagamos a Netflix no queda un centavo en Costa Rica. Me extrañaría que Netflix tenga un solo empleado en Costa Rica y, por lo tanto, este nuevo modelo de negocio no reemplaza ni uno solo de los empleos que se perdieron con el cierre de las tiendas de alquiler de películas.

No pretendo proponer un nacionalismo económico al estilo de Steve Bannon, el asesor de Trump. El punto es que los consumidores debemos entender que nuestras acciones tiene repercusiones, pero lo más importante es que los empresarios, comerciantes, industriales y proveedores de servicios debemos entender que el gobierno es cada vez menos efectivo para protegernos de la innovación tecnológica y de los modelos de negocio que ignoran las fronteras.

Por supuesto que lo anterior me lleva a comentar sobre el muy controversial servicio de transporte organizado por la compañía estadounidense Uber. Los taxistas y porteadores han llevado a cabo protestas y manifestaciones y se han reunido y obtenido el apoyo del Presidente, el Ministro de Obras Públicas y Transportes y la ARESEP. El mismo Presidente ha dicho que el servicio de Uber es ilegal en Costa Rica. En este caso estoy de acuerdo con el Presidente. Los choferes de Uber están prestando un servicio de transporte público. La innovación de Uber es tecnológica y en la forma que se llama al transportista, se le paga y se califica el servicio, pero al final de cuentas es un servicio de trasporte público. Si la mona se viste de seda, mona se queda - si camina como pato, grazna como pato, etc. Entiendo que hay una posición contraria de parte de Uber y de muchos abogados y la respeto.

Los taxistas en Costa Rica gozan de una concesión otorgada por el gobierno para dar el servicio de transporte público. Durante años estuvieron en disputa con los "taxis piratas" que luego se autodenominaron porteadores. Al parecer existía una falta de oferta en el mercado creada por una escasez de taxis, lo cual es usual que ocurra cuando el gobierno otorga licencias para llevar a cabo una actividad económica. La disputa entre taxistas y porteadores resultó en la legalización de una cantidad importante de licencias a los porteadores. Como era de esperar, pero es de lamentar, 772 de esas licencias que iban a pertenecer a los choferes (expiratas/porteadores) que siempre se dijo necesitaban la "placa" para trabajar y mantener a su familia y para crear pequeñas empresas, terminaron en manos de una compañía propiedad de un diputado y su esposa.

Poco después es que entra Uber a Costa Rica. De forma inmediata se vuelve un éxito. El servicio es más eficiente, más confiable y más barato que los taxis o los porteadores. Yo lo he usado muchas veces y mi hijo está autorizado para usarlo. ¿Recuerdan cuando escribí que los ticos nos damos permiso de participar de una actividad ilegal por conveniencia? Mea culpa. Y todos esos que me digan que Uber ha creado muchos "empleos" para los choferes que prestan el servicio a tiempo completo o en sus tiempos libres les digo que tengan cuidado: Uber está invirtiendo decenas de millones de dólares en vehículos autónomos.

El gobierno no ha podido parar a Uber y tampoco paró a todos los "piratas" que nos alquilaron películas durante treinta años. No tiene la capacidad, ni las herramientas, ni los recursos para hacerlo.

Con Uber, así como con Netflix, la tecnología ha permitido a dos compañías estadounidenses ingresar a dos mercados que eran monopolio de pequeños empresarios ticos (los dueños de tiendas de alquiler y los taxistas y porteadores – con excepción del diputado con 772 placas). Hasta hace poco el total de lo que gastábamos los costarricenses en esos servicios quedaba en un 100% en Costa Rica. Ahora no.

No propongo bloquear los apps de Netflix o de Uber - o inclusive de Waze que ha permitido que todos los muchachos choferes de Uber puedan llevarnos de un lado a otro sin conocer el área metropolitana como sí la conocían los taxistas. Esto es más bien un llamado a entender que o innovamos en nuestras empresas y profesiones o vendrá alguien más eficiente para reemplazarnos. Y esa eficiencia cada vez más será el resultado del uso de tecnología que no podremos bloquear y tampoco lo podrá hacer el Estado.

Yo soy abogado, notario público y traductor oficial. Al igual que los taxistas, los porteadores y Blockbuster, yo soy el beneficiario de leyes que protegen mis profesiones de la incursión de proveedores de servicios similares desde el extranjero. En Costa Rica, para ejercer la abogacía se debe estar colegiado y la forma en que practicamos el derecho todavía nos permite cierta inmunidad a los avances tecnológicos. En otras palabras el Estado y lo arcaico del sistema me protegen.

Lo mismo ocurre con el notariado. El Estado ha establecido que solo mis colegas y yo podemos dar fe de que Juan le vendió una finca a Pedro y el Registro Nacional debe creernos. Como Traductor Oficial también soy parte de un grupo protegido por el Estado que solo reconoce a ciertos profesionales que pasan un examen y que deben inscribirse ante el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Pero en Estados Unidos ya existen compañías que están usando la tecnología para la revisión de documentos legales en litigios – siendo esto el trabajo que hacían los abogados recién graduados que siempre conocemos en las novelas de John Grisham. Hay otras compañías de tecnología trabajando en software basado en inteligencia artificial que puede resolver disputas – el pan nuestro de cada día de los abogados. La firma digital ya ha hecho innecesario en muchas casos la autenticación notarial. Y por supuesto Google Translate y otros servicios similares muy pronto podrán sobrepasar la eficiencia humana en la traducción de documentos. ¡Todos estamos en la mira!

Si los consumidores siempre escogerán el producto y el servicio más eficiente, y la tecnología está marcando la pauta para lograrlo, debemos ser conscientes de esto y no dejar que nos pase lo que les pasó a los video-clubs, a Blockbuster y a los taxistas. No podemos depender de la protección del Estado. O innovamos o nos hacemos obsoletos.

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